Feinmann, José Pablo, fragmento de su libro “Siempre nos quedará París en el que poné de manifiesto los alcances del poder de los medios de comunicación:
“Supongamos que quiero ganar plata y decido lanzar una marca de calzoncillos que se llame Feinmann. Calzoncillos Feinmann. Supongamos que todo marcha muy bien y llevo diez años haciendo dinero con los calzoncillos Feinmann. Las publicidades anuncián que “nada le va a quedar mejor que los calzoncillos Feinmann”, etc., etc. Pero una de esas mega-corporaciones quiere imponer aquí los calzoncillos Brando. ¿Qué hace entonces esa mega-corporación? Compra un espacio de radio a la mañana, compra un espacio televisivo al mediodía, compra varios espacios de radio por la tarde y, finalmente, compra un espacio televisivo por la noche. “Se ha comprobado que los calzoncillos Feinmann vienen agujereados”, dicen en el programa de radio matutino. Y la gente se preocupa. “En cambio, los calzoncillos Brando, que han entrado en el mercado ahora, son excelentes”. En el noticiero del mediodía llaman a distintas personalidades, filósofos, sociólogos, políticos, y les preguntan: “¿Usted ha usado calzoncillos Feinmann? Y las respuestas son terminantes: “Sí, vinieron con unos agujeros que me causaron mucha irritación”. Por la tarde, todo el país está hablando de que los calzoncillos nacionales Feinmann vienen deteriorados. En el programa de televisión de la noche, se arma una enorme mesa redonda sobre el tema. “¿Cómo es que usted hace calzoncillos agujereados?”, se le pregunta al fabricante. “No, no, no; yo hago calzoncillos buenos”. “Pero, ¿cómo que no? Mire”. Y el periodista le muestra un calzoncillo agujereado. Ya está. Ha creado una verdad absoluta. Los calzoncillos Feinmann empiezan a ser dejados de lado en beneficio de los nuevos calzoncillos importados Brando. Se ha creado una opinión pública y se la ha manipulado a través de los medios. Poseer una corporación de medios permite conquistar la conciencia de las personas, formar la opinión que tienen, en general, de la vida”