Medios por todos los medios

Feinmann, José Pablo, fragmento de su libro “Siempre nos quedará París en el que poné de manifiesto los alcances del poder de los medios de comunicación:

"Supongamos que quiero ganar plata y decido lanzar una marca de calzoncillos que se llame Feinmann. Calzoncillos Feinmann. Supongamos que todo marcha muy bien y llevo diez años haciendo dinero con los calzoncillos Feinmann. Las publicidades anuncián que “nada le va a quedar mejor que los calzoncillos Feinmann”, etc., etc. Pero una de esas mega-corporaciones quiere imponer aquí los calzoncillos Brando. ¿Qué hace entonces esa mega-corporación? Compra un espacio de radio a la mañana, compra un espacio televisivo al mediodía, compra varios espacios de radio por la tarde y, finalmente, compra un espacio televisivo por la noche. “Se ha comprobado que los calzoncillos Feinmann vienen agujereados”, dicen en el programa de radio matutino. Y la gente se preocupa. “En cambio, los calzoncillos Brando, que han entrado en el mercado ahora, son excelentes”. En el noticiero del mediodía llaman a distintas personalidades, filósofos, sociólogos, políticos, y les preguntan: “¿Usted ha usado calzoncillos Feinmann? Y las respuestas son terminantes: “Sí, vinieron con unos agujeros que me causaron mucha irritación”. Por la tarde, todo el país está hablando de que los calzoncillos nacionales Feinmann vienen deteriorados. En el programa de televisión de la noche, se arma una enorme mesa redonda sobre el tema. “¿Cómo es que usted hace calzoncillos agujereados?”, se le pregunta al fabricante. “No, no, no; yo hago calzoncillos buenos”. “Pero, ¿cómo que no? Mire”. Y el periodista le muestra un calzoncillo agujereado. Ya está. Ha creado una verdad absoluta. Los calzoncillos Feinmann empiezan a ser dejados de lado en beneficio de los nuevos calzoncillos importados Brando. Se ha creado una opinión pública y se la ha manipulado a través de los medios. Poseer una corporación de medios permite conquistar la conciencia de las personas, formar la opinión que tienen, en general, de la vida”


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GRANDES AMIGOS, MEJORES ARTISTAS

Luego de que las fuerzas represivas lo fueran a buscar a Editorial, Columba, Presas, el editor de Columba, –según narra también en HGO- le dice que se vaya del país y efectivamente Presas se convence que estaba en el exterior porque luego recibe una llamada de él, que cree que es realizada es Exterior. Sólo más tarde descubriría que Oesterheld había mentido, también hizo lo mismo con Scutti de Ediciones Record, afirmando que llamaba desde el extranjero cuando en realidad llamaba desde Buenos Aires. Este último fue aportado por el propio Presas.

Testimonio Eduardo Arias

El informe Nunca Más recoge el testimonio del psicólogo Eduardo Arias, afirmando que “fue una de las últimas personas que lo vio con vida:

«En noviembre de 1977 fui secuestrado y permanecí desaparecido hasta enero de 1978. Héctor Oesterheld estaba allí desde hacía mucho tiempo. Su estado era terrible. Permanecimos juntos mucho tiempo. Uno de los momentos más terribles fue cuando trajeron a su pequeño nieto de cinco años. Esa criatura fue recogida tras la captura y muerte de la cuarta hija y el yerno de Héctor y la llevaron a aquel infierno (…) Uno de los recuerdos más inolvidables que conservo de Hector se refiere a la Nochebuena del 77. Los guardianes nos dieron permiso para sacarnos las capuchas y para fumar un cigarrillo. También nos permitieron hablar entre nosotros cinco minutos. Entonces Héctor dijo que por ser el más viejo de todos los presos, quería saludar uno por uno a todos los presos que estábamos allí. Nunca olvidaré aquel último apretón de manos. Hector Oesterheld tenía sesenta años cuando sucedieron estos hechos. Su estado físico era muy, muy penoso. Ignoro cuál pudo haber sido su suerte. Yo fui liberado en enero de 1978. El permanecía en aquel lugar. Nunca más supe de él».

UN NIETO SOBREVIVIENTE

Cuando Elsa ya daba por muerto a su marido Héctor Oesterheld, el 14 de diciembre de 1977 dos uniformados tocaron el timbre de su casa y le entregaron a Martín, su nieto de tres años. Lo habían secuestrado después de matar a quemarropa a su madre, Estela Oesterheld, y a su padre, Raúl Mórtola. “Le trajimos al nene, que estuvo con el abuelo”, le dijo uno mientras el otro salía a la calle constantemente, porque temían que los descubrieran. Le hablaron de Héctor con cierta admiración y Elsa entendió que eran sus carceleros. Martín hoy tiene 23 años, dibuja y es diseñador gráfico. Así describe ese momento: “Estuve sentado cinco horas junto al abuelo, en un pasillo horrible con paredes de látex azul brillante. Me llevaron con él para que dijera dónde podían dejarme.

CUANDO SEA GRANDE…

- yo cuando sea grande quiero ser maestra, ¿y vos? - me pregunto la puber de 6 años.

- Un poco menos seco de vientre.

CITA DEL DÍA

"TERMINE LA SECUNDARIA COMO ABANDERADO, Y AL TERMINAR MI VIEJA PENSO QUE IBA A SER PRESIDENTE"